Meditando el Evangelio según san Juan (14,15-21)
VI domingo de Pascua

¿Cómo podían (los apóstoles) amar sino por Espíritu Santo?
A aquellos se les manda amarle y guardar sus mandatos para recibir al Espíritu, sin cuya presencia no podrían amar y observar los mandamientos. Pues el que ama tiene consigo al Espíritu Santo.

(San Agustín)

Sexto domingo de Pascua, cada vez avanzamos más en este tiempo litúrgico, creo que durante estas semanas hemos recibido muchas palabras de consuelo y que de forma especial nos dan fortaleza a pesar de los días que nos toca vivir, del momento de la historia que nos toca atravesar.

Hoy el Evangelio nos ubica en esas palabras de despedida de nuestro Señor, es el adiós previo a la Pasión y muerte, es un adelanto de todo lo que pasara, es una continuación del Evangelio del domingo pasado; en este Evangelio Dios nos hace dos promesas: la primera nos promete un Paráclito, protector, es el Espíritu de la Verdad y la segunda promesa es que no quedaremos huérfanos, volverá a nosotros, aunque el mundo no le pueda ver.

Estas promesas se han hecho realidad cada día, desde que fueron dichas por Jesús, se siguen cumpliendo sus promesas, hemos recibido el Espíritu Santo y no estamos huérfanos; En la primera lectura se nos atestigua esto, Felipe predica la buena nueva, esa semilla del Reino se planta en Samaría y luego los Apóstoles Pedro y Juan les imponen las manos y aquellos que fueron Bautizados son confirmados en la Fe, recibiendo el Espíritu Santo.

Ese Espíritu Santo sigue en nuestros días reavivando y conduciendo a la Iglesia, como lo hizo con aquella primitiva Iglesia, sacándole de la oscuridad, alejando el temor, transmitiéndole energía y fuerza evangelizadora; la promesa de Jesús se hace realidad hoy también en nuestros días, no estamos huérfanos, no hemos sido dejados abandonados, hoy a pesar de todo sigue actuando el Espíritu, ese Paráclito y protector que nos ha enviado Jesús; por eso aunque el mundo no pueda ver, o le cueste ver la acción de Dios en nuestros días en medio de tanto dolor y sufrimiento, en medio de tantas angustias, los que se dejan tocar los ojos por la Fe, los que se dejan tocar por ese Paráclito pueden verle, pueden respirar la vida de aquel que vive y nos regala de su vida eterna.

No estas huérfano, no estoy huérfano sus promesas se siguen cumpliendo, a pesar de lo que nos pueda pasar, el Amor de Dios está entre nosotros y nos fortalece, Dios Espíritu Santo, el Amor del Padre y del Hijo está entre nosotros consolándonos, acompañándonos, por eso la ley es el Amor y quien ama cumple la ley y se deja abrazar por Dios.

Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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