Meditando el Evangelio según san Mateo (10,26-33):

Domingo de la 12° semana de Tiempo Ordinario - Ciclo A

La vida del cuerpo es el alma; la vida del alma es Dios. Así como el cuerpo tiene una vida, esto es, un alma, para no morir, así el alma ha de tener una vida, es decir, Dios, para no morir. San Agustín  

Si de alguna manera podemos resumir las lecturas de este domingo es con la palabra confianza, saber que no estamos solos y que no hemos sido dejados a nuestra suerte; que reconfortante es esto, más aún en estos días de interminable pandemia. Vemos que tantas vidas se pierden, queda tanto dolor y sufrimiento que pareciera que estamos solos, pero como Jeremías podemos decir: " Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo”.

Confiar en Dios aleja de nosotros el temor, estos días grises que vivimos pueden estar llenos de miedo, podemos sentir miedo de tantas cosas: de contagiarnos de la pandemia, de que se contagie un ser querido, que la enfermedad se complique, temor por salir a la calle y hasta por recibir visitas, temor por sentir inseguridad en todos lados, por el trabajo, por los problemas económicos, por la perdida de un ser querido, temor por la muerte, por morir solos o que nuestros seres queridos estén solos en una gravedad o en el ultimo momento, son tantos los temores que podemos tener; pero hoy escuchamos la voz de Jesús que nos dice “No tengan miedo”, no tengamos miedo de quien puede matar el cuerpo, pero no puede matar el alma… pues hasta nuestros cabellos están contados; cuanta confianza nos dan estas palabras y que propicias para este momento.

¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Somos hijos de Dios, nuestra vida es muy valiosa, valemos la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo y esa es una garantía para saber que estamos en las manos de Dios y nada puede separarnos de su Amor, aun cuando vivamos días oscuros y llenos de desesperanza, estamos en las manos de Dios; aun ante el drama de la muerte y la pandemia, estamos en las manos de Dios y son las mejores manos, estamos en el mejor lugar que podamos ocupar, porque Dios busca siempre nuestro bien, incluso aun en medio del sufrimiento temporal que podamos vivir, Dios transforma historias de dolor en historias de Resurrección, solo Dios puede sacar algo bueno de tanto mal, solo cuando nos dejamos en sus manos y confiamos en Él podemos transformar un Calvario en una Domingo de Resurrección.

Tengamos esperanza, el sol saldrá después de estos días y si aprendemos la lección seremos mejores personas y si unimos nuestro dolor a su dolor en la Cruz, seremos hombres y mujeres de Resurrección para un mundo lleno de temor, muerte y angustia; el mundo necesita ponerse del lado de Jesús, porque Él no deja de ponerse junto a nosotros delante del Padre, estamos dentro de su Corazón amoroso; por eso cree y confía en Dios, oremos con la fuerza y la esperanza del Salmista:

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.

Escrito por:
 
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
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Esaú