Meditando el
Evangelio según san Mateo 9, 36—10, 8
Domingo de la 11ª
semana de Tiempo Ordinario - Ciclo A
El Evangelio de
este domingo dice que Jesús se compadece de ver al pueblo, de ver a las gentes
extenuadas y abandonadas. Lo primero que me llama la atención de este pasaje,
que me parece hermoso y nos deja una hermosa reflexión es que Jesús nos mira, podemos
tener la confianza que nuestro Señor vio el sufrimiento del pueblo en su tiempo
y en este día sigue viendo el sufrimiento de nuestro pueblo que padece.
Hoy Jesús a
nosotros también nos invita a ver a nuestro alrededor, hay muchas personas
extenuadas y abandonadas, hoy en nuestro tiempo mucha gente sufre y padece,
mucha gente está necesitada por eso nos invita a ver, abrir bien los ojos. El cristiano
no puede ser indiferente, no pueden existir cristianos de ojos cerrados; como
nuestro Salvador tenemos que tener muy abiertos los ojos para descubrir a
quienes sufren, a quienes padecen, a quienes están abandonados, solos, angustiados,
a quienes han perdido la esperanza.
En estos días de
pandemia tenemos que tener muy abiertos los ojos, muchos están sufriendo a nuestro alrededor,
muchos padecen, debemos de aprender a ver al que sufre, pero no solo verles,
Jesús no se queda como un observador indiferente, entra en acción, busca
soluciones y llama a los doce Apóstoles, les da autoridad y les envía a ser
consuelo, salud, liberación y esperanza del mundo, me atrevo a decir que hoy también
Jesús dice nuestros nombres, él tuyo y el mío, nos llama a nosotros y nos envía
para seguir siendo como lo ha sido la Iglesia en casi dos mil años ese consuelo
y fortaleza del que padece, de los extenuados y cansados de todos los tiempos,
hoy somos enviados de nuevo al mundo y al pueblo que sufre, en estos días de
pandemia y que sufren las injusticias y abandonos de nuestro tiempo, hoy debemos
ser signo de esperanza en medio del mundo, signo de vida en un mundo
ensombrecido por la muerte, hoy recibimos nuevamente el llamado del Señor para
hacer presente aquí y ahora la llegada del Reino de Dios, un Reino que crece y
madura aun en medio de las tormentas de este mundo.
Por eso para ti y
para mí, escuchemos la voz de nuestro Señor que nos dice: Id y proclamad que el
reino de los cielos está cerca. Id por el mundo diciendo que el Reino de
Dios ya está aquí entre nosotros, que sus semillas germinan silenciosamente incluso
en medio del dolor, de la muerte, de la guerra, de las injusticias y de la
violencia.
Escrito por:
Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y
Coordinadores de la Sección Familia y
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón


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