Meditando el Evangelio según san Juan (3,16-18):
Domingo de la Santísima Trinidad – Ciclo A

“Si el Padre no nos hubiese entregado la Vida, no tendríamos vida. Si la Vida misma no hubiese muerto, no se hubiese dado muerte a la muerte”.

Domingo de la Santísima Trinidad, un día para meditar en Dios que es Amor inmenso, que es comunidad de Amor; La Santísima Trinidad es un misterio enorme, incomprensible, ¿Cómo Dios puede ser uno y tres personas distintas a la vez? Pero así de insondable es el misterio de Dios.

En este domingo, creo que es el Amor que nos habla y debemos dejarnos tocar por ese Amor, el Amor de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, ese Amor que nos ha creado, nos ha redimido y nos santifica, todos los días, ese amor que nos sostiene y nos alimenta « Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16).

En este tiempo de mucho dolor que vivimos podríamos estar tentados a pensar que Dios nos está castigando, tantas muertes, tanto dolor que padecemos, podríamos creer que es la ira de Dios sobre nosotros, por nuestros pecados, pero no creo que Dios nos quiera llevar al exterminio, Dios es Amor, nos ha creado, redimido por amor, valemos la Sangre preciosa de su Hijo que nos ha salvado, creo que en estos momentos Dios acompaña a la humanidad en su dolor y esta precisamente junto a nosotros sufriendo, dice el Evangelio que tanto amo Dios al mundo que envió a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Esta Trinidad de Amor no desea el fin de aquellos a quienes no solo ha creado, sino que ha salvado, pero creo que, en este designio de Amor, Dios utiliza este dolor para purificarnos, para ahora que nos detenemos, ahora que vemos que nuestras falsas seguridades se derrumban nos acerquemos con confianza a quien nos ama y nos espera.

Vamos siendo conducidos a los brazos de Dios que nos espera, incluso aunque nos cueste creer, aun en medio del dolor y el sufrimiento de la historia humana, toda nuestra historia camina en dirección de la Santísima Trinidad que nos ama y sigue tocando la puerta de nuestro corazón para habitar en nosotros.

Déjate tocar por Dios, déjate amar por Él, nuestro Señor Jesucristo nos ha revelado al Padre, no un Dios lejano, sino un Dios al que podemos decir papito, con la confianza y ternura de un niño pequeño; Jesús, Salvador nuestro nos ha demostrado el Camino al Padre y nos ha redimido con su Sangre preciosa y Jesús Resucitado, Hijo único de Dios ha subido al Padre para enviarnos junto al Padre al Espíritu Santo, al Consolador, al Paráclito que nos sigue acompañando y guiando; nuestra vida descansa en las manos de este Dios que es Tres personas distintas y uno solo, este Dios que nos ama y que hoy nos abraza.


Escrito por:

Néstor Esaú Velásquez Téllez
Comunicador y Fotógrafo de la Diócesis de León.
Responsable de Formación, junto con su esposa Roxana
en Pastoral Familiar de la Diócesis de León y 
Coordinadores de la Sección Familia y 
Vida de la Comunidad Cristiana San Ramón
Twitter: @Nestor_Esau
Instagram: @nestorvelasquez
YouTube: 
Esaú