En
la fiesta de Santiago Apóstol, “encomendamos a las parroquias de Telica, El
Realejo y Nagarote de igual forma por la ciudad de León” dijo monseñor René
Sándigo, Obispo de León, quien la mañana de este 25 de Julio, presidió la Santa
Eucaristía desde la capilla El Sagrario, acción litúrgica que fue transmitida
por los medios de comunicación diocesanos.
Jesús sigue edificando la iglesia sobre
la familia
En
su homilía monseñor Sándigo expresó a los fieles que “la fiesta de los apóstoles
nos recuerdan elementos importantes de nuestra iglesia y que así han sido en el
tiempo y que hoy son necesarios recordar para fortalecer” nuestra fe.
“En
la vida de Santiago Apóstol nos hace ver que Jesús fundó la sociedad teniendo
como base la familia, los textos
sagrados nos hablan de su hermano, el discípulo amado, su padre y su madre que
está ligado a Zebedeo, en ese entorno, Jesús nos hace ver que la fe se
reproduce en la familia”.
Continuo
diciendo que “Jesús sigue edificando la iglesia sobre la familia, importante en
el proceso evangelizador, esta fiesta nos recuerda que Jesús fundó su iglesia
sobre una estructura humana débil, así nos lo dijo la primera lectura hoy, es
una estructura en vasijas de barro, que no es inmune al pecado y en ocasiones
hay que reconocer errores como lo ha hecho la iglesia en muchas ocasiones”.
Dijo
además que “en esa debilidad la iglesia muestra su grandeza y ahí es donde
aparece la grandeza de Dios” el prelado leones recalcó a los fieles que “Jesús
funda una iglesia en salida, que significa: ir, andar, caminar, y nos referimos
a la persona que está en salida, Jesús no fundó una iglesia para estar sentada,
una iglesia que se arriesga”.
“Santiago
nos demuestra en el caballo el cristiano que va en camino, que cabalga, que
sigue en la prédica, por eso tenemos una iglesia ligada a la familia, ahí se
transmite la fe, una iglesia que lleva su tesoro en vasijas de barro, tenemos
que pedirle mucho a Dios porque la debilidad está siempre presente y tercero
una iglesia en misión permanente, en salida” expresó.
Datos históricos del Apóstol Santiago
En
la Biblia se alude habitualmente a él bajo el nombre de Jacobo, término que
pasó al latín como Iacobus y derivó en nombres como Iago, Tiago y Santiago
(sanctus Iacobus). Santiago
de Zebedeo fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y
morir por Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan
Evangelista -ambos apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus
temperamentos impulsivos- y uno de los tres discípulos más cercanos a
Jesucristo, el apóstol Santiago no solo estuvo presente en dos de los momentos
más importantes de la vida del Mesías cristiano -la transfiguración en el monte
Tabor y la oración en el huerto de los Olivos-, sino que también formó parte
del grupo restringido que fue testigo de su último milagro, su aparición ya
resucitado a orillas del lago de Tiberíades.
Tras la
muerte de Cristo, Santiago, apasionado e impetuoso, formó parte del grupo
inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén y, en su labor evangelizadora, se
le adjudicó, según las tradiciones medievales, el territorio peninsular
español, concretamente la región del noroeste, conocida entonces como Gallaecia.
Algunas
teorías apuntan a que el actual patrón de España llegó a las
tierras del norte por la deshabitada costa de Portugal. Otras, sin embargo,
dibujan su camino por el valle del Ebro y la vía romana cantábrica e incluso
las hay que aseguran que Santiago llegó a la Península por la
actual Cartagena, desde donde enfiló su viaje hasta la esquina occidental del
mapa.
ras
reclutar a los siete varones apostólicos, que fueron ordenados obispos en Roma
por San Pedro y recibieron la misión de evangelizar en Hispania, el
apóstol Santiago regresó a Jerusalén, según los textos apócrifos, para, junto a
los grandes discípulos de Jesús, acompañar a la Virgen en su lecho de muerte.
Allí
fue torturado y decapitado en el año 42 por orden de Herodes
Agripa I, rey de Judea. Los supuestos testamentos relatan que, antes de morir,
María recibió la visita de Jesús resucitado, a quién le pidió pasar sus últimos
días rodeada de los apóstoles, que se encontraban dispersos por todo el mundo.
Su
hijo le permite que sea ella misma, a través de apariciones milagrosas, la que
avise a los discípulos y, de esta forma, la Virgen se hace presente sobre un
pilar de Zaragoza frente al apóstol Santiago y los siete
varones, episodio hoy venerado en la basílica de Nuestra Señora del Pilar.


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