El templo de El Sauce es muy elegante y es el tercer
templo en el que se le ha rendido culto a la milagrosa imagen del Señor de los
Milagros, esta iglesia tiene un asombroso parecido; no con la basílica de
Esquipulas de Guatemala, como alguien ha afirmado; sino con la propia catedral
de Guatemala (1775) de estilo neoclásico.
El 19 de mayo de 1999, la Asamblea Nacional de
Nicaragua aprobaba la ley que declaró Patrimonio Cultural de la Nación, el Santuario
"Nuestro Señor de los Milagros", de la ciudad de El Sauce, Departamento de León.
La Santa Misa de acción de gracias fue presidia por el
padre Danilo Membreño, Vicario de Pastoral de la Diócesis de León, dijo durante
la homilía que “como regalo de Dios, se unen tres acontecimientos dignos de celebrar,
el día del Señor, la jornada de oración por las misiones católicas, celebramos
los 297 años de la llegada de la imagen milagrosa del Cristo Negro del Señor de
Esquipulas”.
“Estos tres acontecimientos están bajo la mirada de
Dios y son iluminados por el Evangelio, nosotros en la iglesia creemos que
Cristo está vivo, ese es el motor de toda comunidad parroquial” expresó.
La llegada de la Imagen
En la época colonial, los santuarios más famosos
enviaban una reproducción de las imágenes de mayor veneración con un encargado
o «demandante» a peregrinar por las regiones aledañas para difundir su devoción
y acrecentar la evangelización de los fieles.
El 18 de octubre de 1723 una réplica de 42
centímetros del Cristo Moreno de Esquipulas inicia peregrinación por toda
Centroamérica. En su peregrinar por nuestro país el Cristo Negro salió de
Jinotega rumbo a Honduras, pasando por el Valle del Guayabal, un pequeño caserío
ubicado a 72 kilómetros noroeste de León custodiada por Guadalupe Trejos. El
Sauce de ese entonces era un pequeño caserío sin iglesia.
Los acontecimientos que sucederían a partir de
entonces cambiaron el ritmo de la historia del aquel Cristo particular por su
color. La ferviente religión sauceña aún dormía un sueño apacible por los
misterios del santo moreno.
Los hombres que seguían la ruta cargaban en sus
hombros la imagen que descansaba en una cajita de madera. El agotamiento
doblegó a los seguidores y éstos optaron por improvisar una enramada a la
orilla de un frondoso árbol de SAUCE.
Allí reposó la imagen, que por varios días fue
expuesta a la veneración pública de los pobladores y caminantes que pasaban
cerca del lugar.
Durante la estancia, el Cristo presagiaba los
sucesos inminentes tras los fallidos intentos por regresarlo a Guatemala.
Tras los intentos que se hicieron por regresar la
venerada imagen a Guatemala, sucedieron hechos trágicos y relevantes. Se dice
que cuando las Autoridades Eclesiásticas de Guatemala enviaron a sus
representantes para llevarse al Cristo de regreso, murieron de forma misteriosa
y trágica.
En el intento perecieron el demandante Guadalupe
Trejos (1723), Vicente Argeñal (1728) e Hilario Arizavala (1745).
Las muertes de los misioneros también llegaron
acompañadas por la extraña interferencia de la naturaleza. Los ríos
embravecidos duplicaban sus tamaños, inundando sus alrededores. Las epidemias
amenazaban y cualquier intención para mover la imagen de El Sauce era un
fracaso rotundo. Fue imposible que continuara la marcha.
En 1744 el Obispo electo de Nicaragua Isidro Marín
de Bullón y Figueroa presionado por la insistente reclamación de Guatemala
comunicó lo siguiente: «EI Señor del Santuario de Esquipulas hace veinte años
que se lo apropió la señora Trinidad de Albizú, la que celebra rezos y fiestas
los terceros domingos de Enero, a los que concurren todos los habitantes
del Valle del Guayabal!. Nuestro Patrón y Señor es muy milagroso». Esta
información, según se lee en antiguos documentos, fue suministrada por el señor
Mateo Sequeira, sobrestante de la hacienda San José, hoy Santa Bárbara..
(Historia del Señor de Esquipulas, pag 12).
La autoridad eclesiástica de Guatemala mandó a
Vicente Argeñal con la misión de recoger la imagen; pero de manera inexplicable
le sobrevino la muerte sin poder realizar su encomienda. Es justo, al mencionar
al Obispo Marín de Bullón y Figueroa, recordar que en 1747 él empezó la
edificación de la Catedral de León, orgullo de la arquitectura religiosa de
Centro América.
En 1745 llega una comisión encabezada por el Sr.
Hilarlo Arizavala, en un tercer intento por restituir la imagen a su Santuario
de Esquipulas. El señor Arizavala se encontró con que Doña Trinidad ya había
fallecido y el heredero legal de la imagen era su hijo Pedro Antonio. Este
accedió a devolver la imagen, acompañando él mismo a Arizavala. Como esto
ocurría en Enero, pretendían emprender el camino tan pronto como pasaran las
fiestas. El río Aquespalapa, crecido, les impidió el paso. Esa noche, Arizavala
sé enfermó, fue trasladado al caserío y murió.
1762 Es sepultado en la Iglesia de El Sauce El Señor
Canónigo Carmenate, que era coadjutor del Cura de Somotillo Don Francisco
Manuel Carvajal, el cual se vino a El Sauce para celebrar las honras fúnebres.
Como la población se aumenta y se va acrecentando la devoción al Cristo
Crucificado de Esquipulas de El Sauce, esta Villa fue visitada en los últimos
decenios del siglo XVIII por los Obispos Dr. Juan Félix de Villegas y Fray
Antonio de la Huerta y Caso.
La fe y la popularidad del Señor de Esquipulas se
extiendían en grandes magnitudes. Sus milagros son conocidos por todo el
territorio nacional.
Los acontecimientos ocurridos con los enviados por
la iglesia de Guatemala llevaron a pensar que El Señor de Esquipulas quería
quedarse para siempre en El Sauce. El Obispado de Guatemala, al verse en la sin
remedio, ordenó al sacerdote encargado del Cristo Negro a que conservase la
imagen en la ermita de El Sauce y la expusiera al público.
El Cristo es llamado actualmente Señor de los
Milagros por los sauceños, por los numerosos favores concedidos desde que llegó
a esta localidad antes la imagen era conocida como el Señor de
Esquipulas, porque la mayor parte del tiempo permanecía en la localidad
guatemalteca del mismo nombre.
Fue nombrado patrono de El Sauce el 15 de enero de
1745. Cinco años más tarde, un rico ganadero de Somotillo, Don Joaquín García,
decidió financiar una construcción más apropiada y se iniciaron las obras de la
Primera Ermita, hoy conocida como el Santuario del Señor de Esquipulas.


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